Senderistas comparten su agua con la manzanilla de Escombreras

La manzanilla ha calado hondo entre los senderistas que participaron el día 21 de marzo en la introducción de esta especie en la cala de Bolete Grande en Cartagena. Tal es así que, un mes y medio después de la plantación, un grupo de senderistas que pasaron por la zona no dudaron en utilizar el agua que llevaban en sus cantimploras para socorrer a las plantas de manzanilla que ya estaban en plena floración. Este bello gesto nos confirma que la conservación de las especies amenazadas es cosa de todos y que sin la concienciación y colaboración de la sociedad la mayoría de las acciones de conservación estarían condenadas al fracaso.

La introducción de manzanilla en la cala de Bolete Grande se enmarca dentro del proyecto para la conservación de esta especie en peligro de extinción que está llevando a cabo la Escuela de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Cartagena, con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, que cofinancia el 50% de los 52.000 euros a los que asciende dicho proyecto, y de la Autoridad Portuaria de Cartagena que aporta 20.000 euros.

Con el doble objetivo de iniciar la introducción en la Cala de Bolete y sensibilizar a los sectores de la población que pudieran estar más en contacto con esta especie, no hay que olvidar que se trata de una planta de hábitat costero, el 21 de marzo se llevó a cabo una plantación de manzanilla con la ayuda de varios grupos senderistas de Cartagena. A los 15 días de la plantación, el equipo responsable del proyecto regresó a la zona para dar un riego de apoyo a la nueva plantación, con la ayuda de algunos de los senderistas que nuevamente se prestaron a colaborar de forma desinteresada.

Con la introducción en la cala de Bolete se pretende establecer una población viable en el tiempo, a partir de la plantación de ejemplares en un estado previo a la floración, aprovechando una de las múltiples estrategias de adaptación a ambientes semiáridos que presenta esta singular especie y que consiste en que una vez la planta se muere habiendo completado su proceso de floración y fructificación hacia el mes de junio, permanece seca en el terreno durante meses manteniendo las semillas en los capítulos de la planta. Esta estrategia, que recibe el nombre de banco aéreo de semillas, permite a la planta conservar sus semillas protegidas en verano de predadores como pájaros e insectos y, además, garantizar que caerán al suelo en un momento en el que encuentren la humedad que necesitan para germinar, ya que la dispersión de las semillas se hace de una manera gradual, con los episodios de lluvia que se producen durante el otoño e invierno.

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